domingo, 18 de noviembre de 2012

Segunda Entrada Revisitada

En una mesa de un conocido restaurant de Polanco hay una mujer totalmente borracha sentada en una mesa que da a la calle. Lo interesante no es el hecho de que este borracha, sino que hay una jauría de perros a su alrededor. Perros que ladran sin parar a la mujer. Sostenidos por grandes cadenas que apenas soportan la presion de los avances. Babosos hocicos que llegan hasta unos pocos centímetros de la cara de la mujer. No se si por su borrachera o lo que la vida le ha dejado, ella no se da cuenta de tales ataques. Inconsciente recita poemas agraviantes hacia las personas, como si se conociera de memoria algunas obras que desconozco. No importa lo que dice, lo que importa es cómo lo dice, desafiante entre los ladridos y lo mordiscos que no llegan a destino. Los perros se cansan de la mujer, no dan mas, sus cadenas no les permiten consumar el crimen. Ninguno es tan valiente como para llegar a ella y matarla, como en realidad quisieran hacerlo. Ella sigue insultándolos, pero no por valentía, sino por miedo también. Bien quisiera que alguno se escapara de su cadena y le pusiera fin a su vida.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Tal vez la primera escena

En una mesa de un conocido restaurant de polanco hay una mujer totalmente borracha sentada en una mesa que da a la calle. Lo interesante no es el hecho de que este borracha, sino que hay una jauría de perros a su alrededor. Perros que ladran sin parar a la mujer. Sostenidos por grandes cadenas que apenas soportan la presion de los avances. Babosos hocicos que llegan hasta unos centímetros apenas de la cara de la mujer. Que no se si por su borrachera de alcohol o lo que la vida le ha dejado, no se da cuenta de tales ataques. Inconsciente recita poemas agraviantes hacia las personas, como si se conociera de memoria algunas obras que desconozco. No importa lo que dice, lo que importa es como lo dice, desafiante entre los ladridos y lo mordiscos que no llegan a destino. Los perros se cansan de la mujer, no dan mas, sus cadenas no les permiten consumar el crimen. Ninguno es tan valiente como para llegar a ella y matarla, como en realidad quisieran hacerlo. Ella sigue insultándolos, pero no por valentía, sino por miedo también. Bien quisiera que alguno se escapara de su cadena y le pusiera fin a su vida.